"Milena o el fémur más bello del mundo" por Jorge Zepeda Patterson

¿Ha visto Ud., mi estimado lector, las novelas o teleseries de Epigmenio Ibarra (Nada Personal, Las Aparicio, Las Trampas del Deseo, etc.)? ¿O por lo menos ha escuchado de ellas? Si ha respondido de forma afirmativa a cualquiera de las preguntas anteriores, sabrá que por lo regular, sus historias tienen un contenido político, mezclado con sexo, drogas y rock and roll (bueno, esto último no, pero lo demás sí). Pues esta historia bien podría ser llevada a la pantalla chica por Argos, ya que cumple con las características antes mencionadas, sin embargo, siento que le faltó ese “no sé qué, que qué sé yo”, es como cuando tienes mucha mucha hambre, y ves una costilla aparentemente jugosa, pero al comerla, es más pellejo pegado al hueso, que “carnita” (Aplausos por mi metáfora jaja).
El libro comienza con la muerte de Rosendo Franco, quien fallece en los brazos de su amada/amante/protegida Milena. Rosendo era el dueño de “El Mundo”, un periódico importante de circulación nacional, por lo que su funeral atrae a personajes de todos los ámbitos, entre ellos “Los Azules”, un grupo de amigos quienes eran denominados así desde sus días de escuela, debido al color de libretas que utilizaban, y quienes se caracterizaban por defender las causas perdidas y las actos de injusticia que se llevaban a cabo en las aulas. En la actualidad, cada uno de ellos había tomado un rumbo diferente: Amelia, era dirigente del PRD, Tomás era periodista, y Jaime era el dueño de una empresa de seguridad denominada Lemlock.
Claudia Franco, la hija de Rosendo, le pide a Tomás en el funeral de su papá, que por favor acepte el cargo de director de “El Mundo”, por lo menos de forma interina, hasta que se decida el rumbo del mismo, y además le solicita otro favor especial: que le ayude a localizar a la que fuese amante de su padre, ya que según una carta que éste le dejó, le pedía que la protegiera ya que se encontraba en peligro de muerte, sobre todo por la información contenida en una libreta propiedad de Milena.
Por cierto, Milena no se llama así, su nombre verdadero es Alka, y es croata. Alka se escapó a los 16 años de su casa con una amiga, con la que supuestamente se iba a ir a trabajar a Berlín. Sin embargo, fueron engañadas por un grupo de tratantes de blancas, los cuales las amenazaron con hacerle daño a su familia, y las obligaron a entrar a una red de prostitución.
Tomás comenta con Amelia y Jaime el favor especial que le solicitó Claudia, y deciden también involucrarse en la búsqueda de Milena, debido en parte a la búsqueda de justicia que siempre los caracterizó. Conforme pasan los días, los Azules conocen un poco más de la historia de Alka y la razón por la que llegó a México, además que sale a la luz, la corrupción que existe en las altas esferas de diferentes organismos públicos que permiten la trata de personas por parte de redes internacionales como los persecutores de Milena. Asimismo, se tratan temas como el espionaje que entidades gubernamentales o hasta privadas realizan a Ud. mi estimado lector, a mí, y al que se deje, a través de nuestros correos electrónicos, redes sociales, teléfonos celulares o de medios tradicionales como el teléfono. (Yo sé que le vino a la mente esa frase de “Sí soy yo, pero no es mi voz, o es mi voz pero no soy yo”, o la reciente conversación sobre el jefe Chichimeca)
Para no hacerles el cuento largo, Milena contiene información que pone en jaque a uno de los principales operadores financieros encargados de lavar dinero en Europa, por lo que es perseguida para contar con dicha información o en su defecto, desaparecerla del mapa.
Como comentaba, la historia no es mala, pero creo que le faltó un poco más de suspenso o de emoción para querer gritarle al libro “Corre Milena, corre”, ya que en vez de eso, yo seguía leyendo y pensando “a ver a qué hora la atrapan para que se acabe el libro”.
Le doy 3 estrellas, y quien quiera leerlo, ya sabe que se lo puedo prestar. Ahora leeré “El Gusano de Seda”, de Robert Galbraith A.K.A. JK Rowling, ¡Pero shhhh! No le diga a nadie que las paredes oyen.

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