"El amante japonés" por Isabel Allende

¡Y sigue la mata dando! Ya casi nos emparejamos mi querido y asiduo lector… ¡Usted tenga fe y pronto nos pondremos al corriente con las reseñas! Por cierto, recuerda ese examen feo que no me permitió leer mis libros como debería… ¡PUES SÍ LO PASÉ! ¡YUJUUUU! (Aplausos jeje).

Regresando a lo que nos truje… Siempre es un placer leer los libros de Isabel Allende, ya que por lo regular están plagados de historias de mujeres fuertes, decididas, con muchos obstáculos que superar y este libro no es la excepción. Este ejemplar me lo regaló mi amiga Jannet en mi cumpleaños… ya casi cumplo otra vez años y hasta ahorita lo pude leer (25 años por si se preguntaba jajajaja).

Alma Belasco (sí, así con “B”, en vez de “V”), es una mujer cercana a los 80 años quien decide irse a vivir a Lark House, una casa de retiro, donde sus habitantes dependiendo de su condición, pueden optar por vivir en departamentos independientes dentro de las instalaciones (opción que elige Alma), o ser atendidos por personal del asilo. Es ahí, donde conoce a Irina, una chica un tanto extraña pero que le llama la atención y a quien decide contratarla como su asistente. Seth, nieto de Alma, la visita con regularidad debido a que la decisión de irse a Lark House tomó por sopresa a los Belasco, y tienen miedo que se deba a alguna enfermedad que la esté volviendo “Cucu, cucu”, por tal razón, Seth pide a Irina que le informe de cualquier actividad fuera de lo normal que realice su abuela.

Irina se percata que cada semana, Alma recibe gardenias, además de cartas de un remitente desconocido, y que frecuentemente se da sus escapadas vaya usted a saber a dónde, por lo que creen que tiene un AMANTE (OMG!). Con el pretexto que Seth está escribiendo un libro sobre la historia familiar, le pide a su abuela que les cuente a él y a Irina sobre su vida (a ver si averiguan si sus sospechas son ciertas)…

Todo empezó a finales de la década de los 30, cuando Alma Mendel es enviada por sus padres a la casa de sus tíos en San Francisco, California, ya que la situación en Polonia no era muy agradable debido a un tipillo apellidado Hitler. Alma trata de adaptarse a su nueva vida, y aunque sus tíos viven en una casa grande y lujosa, donde ella es bien atendida, no para de llorar los primeros días al sentirse fuera de lugar. Alma hace buenas migas con su primo Nathaniel quien es unos años mayor que ella, y con Ichimei Fukuda, el hijo del jardinero. Los tres se vuelven inseparables, hasta que Nathaniel debe irse a estudiar a la secundaria.

Poco tiempo después y con el ataque de Japón a Pearl Harbor, el gobierno de Estados Unidos, decide que los migrantes japoneses (incluidos sus hijos aunque hayan nacido ya en suelo norteamericano), deben dejar sus casas y trabajos e irse a campos de concentración hasta que se arregle la situación diplomática con ese país. Esta medida afecta a los Fukuda, quienes fueron trasladados hasta Utah, quedándose exiliados de California por mucho tiempo.

Y paaaasaaaaan los años, hasta que Alma se reencuentra con Ichimei (a quien siempre consideró como el amor de su vida) y decide ya no dejarlo ir… Pero como dicen por ahí, si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes. La relación entre los dos no será fácil, y aunque Alma ama a Ichi con todo su corazón, también está consciente que su status económico es diferente y que eventualmente será un obstáculo entre ellos.

La historia no es tan simple como se la describo amable y asiduo lector, ya que si bien, el libro se centra en Alma, la vida de los Belasco, los Fukuda y de Irina, también es desmenuzada y contada como sólo Isabel Allende puede hacerlo.

Me gustó mucho el libro, ya que te deja reflexionando sobre lo que es y lo que debe ser… 
¿Estamos compartiendo nuestra vida con la persona indicada o porque así debe ser? 
¿Estamos trabajando/estudiando/haciendo lo que nos gusta o sólo lo hacemos por obligación? 
¿Cuánto estamos dispuestos a sacrificar por amor? 
Al final de nuestros días, ¿podremos voltear hacia nuestra historia y estar satisfechos con ella? 

¡¿QUÉ TAL!¡ Hasta aprendiz del Dr. César Lozano me volví… (jajajajaja)

Le doy 4 estrellas al libro, y quien quiera leerlo, se lo puedo prestar.


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