"El río de la fortuna" por Elizabeth Haran

Y bueno… este libro se me cruzó en una clase de Pilates jeje, es que Ud. no está para saberlo ni yo para contarlo, pero a veces para engañar al cuerpo de que está siendo sometido a arduos ejercicios de fuerza (o al menos así lo siento yo que soy una pilatera incipiente), pues ejercitas también la lengua para que el tiempo pase más rápido, entonces comentando sobre la escasez de libros en mi lista de espera, Zaira mi torturadora, digo, mi maestra de Pilates (y amiga runner) me comentó que tenía un libro que me podía prestar justo en ese instante… y así llegó esta obra a mis manos.

Joe y Mary Callaghan era una pareja que trabajaba arduamente en la búsqueda de oro a finales del siglo XIX en Australia, para de esta forma poder hacerse de capital y construir un barco. Cuando por fin juntaron el dinero suficiente, mandaron a construir el “Marylou” y se embarcaron en una nueva aventura por los ríos australianos partiendo de Echuca. Lo interesante de todo esto, es que tenían cero experiencia en navegación, por lo que tuvieron que buscar a un marinero que los ayudara en su nuevo negocio y así se toparon con Ned, quien se convertiría en parte de su familia.

Una vez con la tripulación completa, o sea Joe, Mary y Ned, decidieron embarcarse para conocer el río y de esta manera poder ofrecer sus servicios de transporte de mercancía. Cuando llegó la noche, Ned decidió no dormir en el barco, sino en la orilla del río donde habían decidido atracar, sin embargo, al poco tiempo escuchó unos ruidos extraños y vio cómo una mujer depositaba en una tina a un bebé y lo dejaba a merced del río. Ni tardo ni perezoso Ned despertó a Joe y a Mary y al ver que la criatura se alejaba cada vez más decidió meterse al río para tratar de rescatarlo… afortunadamente lo logró y los Callaghan decidieron quedarse con la bebé, ya que ellos no habían podido tener hijos…

17 años pasaron y Francesca (la hija de los Callaghan) regresó de Melbourne donde había estudiado contabilidad y trabajado para unos amigos de su papá. Sin embargo, se llevó una gran sorpresa al ver las condiciones en las que se encontraba el Marylou, ya que estaba muy descuidado, y le preocupaba que algo le hubiera pasado a Joe para dejar que la embaración estuviera en tal estado. Cabe señalar que Mary, murió en un penoso accidente cuando Francesca tenía apenas 7 años, por lo que su papá decidió que era mejor que su hija  educara en un internado. Desde ese entonces, Joe no volvió a ser el mismo, y su ánimo decayó considerablemente.

Al Joe encontrarse con Mary, le dio al mismo tiempo gusto y vergüenza que lo encontrara en un estado un tanto deplorable. Resulta que aunado a la depresión y al poco ánimo con el que contaba Joe últimamente, se sumó la mala fortuna de haberse descompuesto la caldera del Marylou, y al no contar con capital para arreglarla, tuvo que pedir un préstamo a Silas Hepburn, un mafioso cacique que se aprovechaba de gente necesitada como Joe para otorgarles préstamos a una tasa de interés muy alta, que le permitía eventualmente por el impago, hacerse del objeto que la gente dejaba en garantía, en este caso el Marylou.

Francesca al escuchar la historia que le contó su papá no se desanimó, sino que al contrario, armó un plan tomando en cuenta el dinero que tenía que pagar Joe y el número de viajes que deberían de realizar para cumplir en tiempo y forma con sus compromisos y así no perder su embarcación. Francesca también le pidió a Joe que le enseñara a navegar y así poder eventualmente contar con una licencia y seguir con el negocio de la familia.

En ese periodo de arduo trabajo, Francesca conoció a Monty, un muchacho adinerado de cuya familia ya había escuchado hablar. Monty quedó prendido de ella a primera vista y comenzó a cortejarla, hasta que un día decidió invitarla a pasar un fin de semana en su casa nada modesta para que sus papás la conocieran mejor. La mamá de Monty, Regina, tenía sus reservas con Francesca, ya que aunque era muy bonita e inteligente, era la hija de un marinero (¡Qué va a decir la alta sociedad australiana), sin embargo, decidió otorgarle el beneficio de la duda y aprovechar ese fin de semana para tratarla un poco más… sin saber que la iba a conocer taaaaan bien, que su vida daría un giro de 180 grados…

La historia es “palomera”, muchas veces predecible, algunas otras abusa de frases cursis dignas de Corín Tellado, y otras tantas trata de explicar la situación o la escena cuando ésta se sobreentiende.

Le doy 3 estrellas y ahora estoy leyendo una historia no tan palomera y sí muy frustrante: “Una novela criminal” de Jorge Volpi.


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