“La mujer en la ventana” por A.J. Finn

Ooootra vez la vecina chismosa hace su aparición, y es que al puro estilo de “La ventana indiscreta” de Alfred Hitchcock, la protagonista de este libro desde su casa observa y está pendiente de la vida de sus vecinos, hasta el punto de conocer la hora en la que salen de sus casas y en la que regresan; a qué hora comen; si la vecina le pone los cuernos al marido por la tarde o por la mañana; a qué hora salen por el pan, si compran conchas o mantecadas… y la información que desconoce, la inventa o la busca en las redes sociales (Ay nanita).

Anna Fox, AKA la vecina chismosa, sufre de agorafobia, dícese el miedo a los espacios abiertos, y por tal razón, se encuentra confinada en su casa donde con su cámara Nikon con un lente súper potente, espía a sus vecinos.

Esta condición es “reciente”, ya que anteriormente ejercía como psicóloga especialista en niños y estaba casada y con una hija. Lo que se sabe es que se separó de su familia y que a raíz de tal acontecimiento es que desarrolló ese miedo irracional a salir de su casa.

Aunque se encontraba bajo prescripción médica, le gustaba también “empinar el codo”, por lo que se tomaba sus pastillas acompañada de una botella de vinito, bueno, cuando se acordaba tomárselas, porque a veces se le olvidaba y para compensarlo aumentaba su dosis, por lo que prácticamente se le podía encontrar en tres estados: ebria, dopada o cruda.

Debido a su confinamiento, sus pasatiempos (además de embriagarse) consistían en jugar ajedrez en línea; dar consejos médicos en un foro especializado en agorafobia (Oilaaaa); tomar clases de francés on line; ver películas clásicas y… espiar a sus vecinos.

En una de las casas que se situaban enfrente de la suya, se muda recientemente una nueva familia: los Russel, que estaba conformada por Alistair, el papá; Jane, la mamá e Ethan el hijo adolescente. Una tarde, Anna recibe la visita de Ethan, quien le lleva una vela decorativa que le manda su mamá. Anna percibe a Ethan como un chico tímido, con pocos amigos e introvertido. Él le cuenta que su papá es muy estricto y no le deja tener celular, ni correo electrónico (¡Wow, un adolescente no tecnológico en pleno siglo XXI!), y que en su ratos libres, da clases de natación a niños con discapacidad (O sea, toda una joyita el chamaco).

El día de Halloween, unos niños malosos se aprovecharon del encierro de Anna para lanzar huevos a su casa. Ella furiosa, trata de hacer algo (gritarles, aventarles la chancla voladora, o lo que sea) y decide abrir la puerta de su casa para que vieran que era en serio, pero su agorafobia se hace presente y se desvanece en la entrada. Afortunadamente un alma caritativa pasaba por ahí y la ayudó a regresar a su hogar. Era una mujer que no había visto por el vecindario. Ella le mencionó que se dirigía a la casa de los Russel, por lo que Anna infirió que se trataba de Jane, la mamá de Ethan. Aprovechando la inusual visita, Anna y Jane platicaron por un rato, mientras jugaban ajedrez y tomaban unas copitas. Jane aprovechó para mostrarle a Anna una foto de Ethan cuando estaba más pequeño.

A los pocos días, Anna continuando con su rutina de espiar a los vecinos, se da cuenta que algo raro pasa en la casa de los Russel, ya que al parecer hay una discusión acalorada que culmina con Jane siendo apuñalada, por lo que ni tarda ni perezosa llama a emergencias para decirles que a su vecina la habían herido, pero como se encontraba medio “happy”, no se le entendía muy bien lo que quería decir. Desesperada por no poder hacer algo más, intentó salir a ayudar a Jane, pero en el camino sufrió una de sus crisis y nuevamente no supo de sí.

Horas más tarde, despierta en el hospital y se da cuenta que hay policías que la custodian. Ella pregunta sobre el estado en el que se encontraba Jane, a lo que le responden que no había nada raro en la casa de los Russel, que probablemente lo que vio eran alucinaciones causadas por su mezcla de pastillas con alcohol.

Anna está segura de lo que vio, por lo que intenta probarles a todos que es cierto, así que comienza a acosar a los Russel hasta llegar al punto en el que los policías le brindan una visita de cortesía para ponerle un alto y explicarle que Jane Russel está viva. De hecho, Jane se presenta en la casa de Anna junto con su esposo, pero cuando ella la ve, resulta que se trata de una mujer totalmente diferente ¡a la que había conocido!

¿Será verdad que ya se le zafaron dos tornillos? ¿Esa mujer que se hace llamar “Jane Russel” es una impostora que trata de suplantar a la verdadera Jane que fue apuñalada? Chan, chan, chan, chaaaaaaaan.

Déjeme le cuento que varias teorías que tenía sobre la historia fueron ciertas, pero eso no le quita que de repente saltara del susto y que mis hijos terminaran viéndome raro porque le gritaba al libro (jajaja, la locura se pega).

En conclusión, me gustó el libro.

Mi calificación subjetiva:

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